martes, 17 de febrero de 2015

Desarrollo de la Personalidad Según el Psicoanálisis

El desarrollo de la personalidad según Freud iba unido al desarrollo de la sexualidad. Freud defendió la idea de que los niños mantienen una importante actividad sexual desde el nacimiento. De este modo, en el desarrollo de la sexualidad, diferenció 5 etapas:
  1. Etapa oral: En esta etapa el bebé centra la atención del placer en la boca. El placer está unido a la alimentación y a la figura materna, que es quien la proporciona.
  2. Etapa anal: Abarca desde el año y medio hasta los tres años aproximadamente. En esta etapa los niños obtienen el placer a través de la expulsión y retención de heces. El sadismo asociado a esta etapa proviene de la idea que los niños utilizan sus heces como un arma frente a los adultos, particularmente, los padres. El niño descubre que puede irritar fácilmente a sus padres si usa adecuadamente sus propias heces, de ahí el aspecto sádico de la etapa.
  3. Etapa fálica: En ella, el niño descubre los órganos genitales como productores de placer. Se da cuenta de que las niñas no tiene pene y esto le produce la preocupación de que él también pueda perderlo. A esta inquietud se le conoce como miedo a la castración. Las niñas, por su parte, descubren que ellas carecen del órgano que poseen los niños. Empiezan entonces a sentir que su cuerpo está incompleto, y odiar a sus madres por haberlas traído al mundo en tal estado. Es lo que se conoce como envidia de pene.
  4. Complejo de Edipo: En esta etapa, los niños desarrollan un deseo sexual orientado hacia la figura materna. Este deseo se acompaña de odio hacia el padre, a quien se tiene por un rival en la lucha por obtener el cariño de la madre. En las niñas, la situación es todavía más complicada. De hecho, no todas las niñas llegan a desarrollar el llamado Complejo de Electra y a algunas de ellas, la envidia de pene les lleva a adoptar una personalidad masculina.
  5. Etapa genital: Es la que se alcanza en la adolescencia por parte de la mayoría de las personas, los niños y las niñas reconocen la imposibilidad de acceder sexualmente a sus progenitores y desvían sus intereses a otros miembros de la comunidad.
Además, según Freud, la personalidad del adulto se compone de tres instancias psíquicas:
  1. El Yo: Está compuesto por partes conscientes e inconscientes. El mundo real ejerce un fuerte control sobre él, que trata de mantener el equilibrio entre la realidad y el deseo.
  2. El Ello: Es la más antigua de las instancias psíquicas. Cuando nace el niño, es la única que existe. Se rige por el principio del placer exclusivamente, y no se preocupa siquiera de la supervivencia del individuo.
  3. El Superyo: Se forma a partir de la interiorización de la figura paterna. Constituye por tanto un sistema de control que va interiorizando todas las formas sociales y todas las restricciones que se aplican en la búsqueda del placer. Es el origen del sentimiento de culpa cuando se transgreden las normas.
La vida adulta constituye una constante pugna entre estas tres instancias para mantener el equilibrio psíquico.

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